Nace en un tiempo inesperado, pero perfectamente señalado por Dios. En medio de una búsqueda sincera y un momento de intimidad espiritual, el Señor nos regaló no solo un nombre, sino una identidad y un propósito eterno. Fue allí, en Su presencia, donde recibimos la confirmación de este ministerio que hoy camina bajo Su cobertura, Su gracia y Su amor.